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miércoles, marzo 17, 2010

II

En algún lugar de mi viejo umbral, puedo seguirte adorando, puedo seguir apostando una vida, a cambio de una muerte silenciosa, de un sosiego latente, para después cabalgar entre los destellos de sueño, tu yo, nadie mas, dejando que el viento que nos une y nos ahorca, nos brinde la carroza del ensueño, la caricia del presagio, donde las almas se suponen descubiertas. Tú, que solo tú, sabes que mi vida reposa en tus manos, tú que solo sabes cómo puedo hundirme en los profundo de tus ojos, tú, que solo tú sabes cómo me puedo disipar entre partículas de tu aroma, que me domas con miradas, que me avientas al duelo de mis demonios, que me dejas y te aferras, y me vuelves ser humano, y a la vez, una bestia degollada.
En algún lugar de mi viejo umbral, sé que tengo que esperar tanto lo que no espero, en una mesa carmín puedo seguir jugando este dominó eterno, de pie, sin el tiempo, sin bolsillos; solo una idea, por la cual morir, vivir, puesto que, tú, y solo tú, sabes, como me pierdo en ti, como el vino se pierde, en las colinas del infortunio.

EK LÓPEZ (2010)

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